miércoles, 17 de junio de 2015

Una música constante

Una música constante es un libro imprescindible en la biblioteca de cualquier persona amante de la literatura y de la buena música. El pasado, el presente y el futro de Michael Holme, el protagonista, se narran a través del Opus 104 de Beethoven, La trucha de Schubert y El arte de la fuga de Bach.

El amor, las relaciones personales, el sentimiento de un músico hacia su instrumento, el lirismo en la prosa, los entresijos de los conciertos… se entremezclan en un libro que nos van envolviendo y hace que en nuestra cabeza resuenen de forma imaginaria las melodías de las obras antes dichas y que ansiemos el momento de acercarnos a comprar el disco editado por Decca con ellas.

Michael Holme es un violinista con muchísimo talento que por diferentes circunstancias de la vida forma parte de un cuarteto de cuerdas como segundo violín. Su vida es tranquila, cómoda, sin ambiciones y sin ningún aliciente, hasta el punto de que nada parece importarle. Únicamente la música y su violín. Hasta que de nuevo aparece Julia, el amor que nunca olvidó y cuya relación terminó mal porque él no fue capaz de afrontar la realidad y de asumir un compromiso. A partir de este momento, la lucha de Michael se centra en recuperarla.

Y podrías preguntarme, ¿por qué esta reseña en discalibros? Bien, Julia debido a una enfermedad autoinmune se convierte en unos años en una mujer sorda.

“Qué extraña fue la transición del mundo del sonido
al mundo de la sordera”

Unido a la dificultad de adaptación a este cambio está la dificultad de ser músico. Trata de ocultarlo, intenta dar conciertos en solitario, pero al colaborar en uno de los conciertos se ve obligada a contarlo. Las páginas en las que habla de cómo fue aceptándolo son duras.

“Aún toco música de cámara, he aprendido a juzgar –
a partir del arco, lo dedos,
el cambio de posición, la visible anacrusa de la respiración,
a partir de todo y de nada-
cuando tocar y a que tiempo”

Una de las cosas que más me han llamado la atención de la novela son los sentimientos de Michael, cómo se enfrenta a ese dolor de la ruptura. Siempre hemos leído cómo las mujeres se desgarran por dentro y el hombre no suele exteriorizar lo que siente. Me han conmovido sus sentimientos, su profunda tristeza.

“Pongo la mano en mi hombro, allí donde reposo tu cabeza.
A continuación pronuncio tu nombre,

una vez, dos veces, tres, cuatro.
Algunas noches me duermo así, recordándote,
algunas noches no me duermo hasta el alba.”



Lee la reseña del libro en la editorial Anagrama
Estupenda la crítica realizada en el blog Una Voce Poco Fa

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