martes, 11 de septiembre de 2012

La maternidad y la discapacidad (III)

Hoy he cruzado el charco y os presento a la argentina Laura Soto de Ferro. Ella es una persona ciega total desde los 3 años como consecuencia de una serie de operaciones que sufrió a las seis horas de haber nacido. Su infancia transcurrió feliz con sus hermanos y en un colegio que no tenía profesores de integración. Con su tesón consiguió estudiar magisterio y en la actualidad es profesora especializada en personas ciegas.

Utiliza desde siempre el sistema braille para leer y escribir, pero muy interesada en las nuevas tecnologías y en todo lo que pudiera ayudarla a seguir hacia adelante, descubrió en la carrera los sistemas de voz en los ordenadores que en un principio utilizaba en la biblioteca pública. Instalar Jaws y el mundo de internet le abrieron un mundo y no se detiene ante ninguna dificultad.

Aquí os dejo la entrevista:

1. La mayoría de las mujeres soñamos con el momento de ser madres desde que somos pequeñas. ¿Tu sentimiento de maternidad era algo que tenías desde siempre o te lo dejaste de plantear por tu discapacidad? 
    Mi afán de tener una pareja e hijos viene desde siempre, en la adolescencia sufría mucho pensando que, con mi cuerpo diferente, nadie iba a quererme...
2. Cuando comunicaste la decisión de ser madre, ¿encontraste muchos apoyos?, ¿tu pareja? ¿en tu familia?, ¿en amigos? ¿Qué fue lo más difícil de encajar? 
    Creo que, estando tan enamorados como estábamos en ese momento, nuestros amigos y todo el entorno sabían que ese momento llegaría tarde o temprano. Los amigos, en su mayoría personas con discapacidad visual, lo tomaron bien, con alegría. En la familia fue más difícil, estaban llenos de miedos y prejuicios, creían que no podríamos cuidarlo, que heredaría nuestra discapacidad, etc, etc… 
3. ¿El apoyo por parte de los sanitarios crees que fue el correcto? ¿Piensas que hay un buen conocimiento para tratar a una persona con discapacidad que quiere ser madre? 
    En el embarazo, al principio, el obstetra trataba de normalizar excesivamente la situaución, tuvimos que insistir con mi marido para que considerara mi historia clínica, y tomara más cuidados. Pero luego, cuando se puso a leer, (dicho por el mismo), empezó a interactuar con mi neurólogo y todo salió bien. Tuve parto por cesárea, pero, estar con la misma persona que me había atendido todo el embarazo, sólo con la aplicación de la peridural, fue tranquilizador… Lo peor vino después, ningún pediatra podía dar respuestas a nuestras dudas de padres primerizos, vacunas, alimentación, etc., dejaban los celulares apagados, y cambiamos varias veces de pediatra… 
4. ¿Te hubiera gustado estar en contacto con otras madres en tu misma situación para poder compartir los miedos y las alegrías tanto del embarazo como de los primeros momentos de vida de tu hijo?
    Claro que me hubiera encantado, pero soy mayor que mis amigas, y fui la primera en pasar por esa situación, sin mencionar que, por esa época, no tenía acceso a Internet, como ocurre hoy.
5. En Argentina podemos encontrar una realidad distinta a la que vivimos en España. Barreras arquitectónicas existen en todos los países e igualmente las mentales que son las peores porque dificultan más la plena integración de las personas con discapacidad. ¿Siguen existiendo muchos prejuicios en la sociedad? 
    Sí, claro, de hecho, muchas veces he peleado con las docentes de mi hijo, primero porque criticaban ciertas formas de cuidarlo, y luego, porque sostenían que necesitábamos ayuda con las tareas escolares, que no bastaba con que yo las supervisara basándome en lo que otros me leían, y luego, en lo que el mismo Uriel me iba leyendo. Tuvo épocas muy malas en el colegio, y siempre decían que era debido a que estaba solo frente a sus tareas, a lo que yo respondía que no estaba solo, que yo siempre estaba ahí para responder sus inquietudes…
6. Supongo que el momento de tener a Uriel ha sido lo más bonito por lo que implica la maternidad añadido a toda la lucha y a la dificultad por la discapacidad. ¿Qué ha sido lo más difícil? 
    Lo más difícil han sido los cuestionamientos, tanto de la familia, como de los docentes de Uriel, quien asiste al jardín desde los 2 años de edad.
7. Uriel tiene ya 11 años, ¿cómo crees que él lleva el hecho de que su madre tenga una ceguera total? ¿Le influye con sus amigos? yo creo que limitaciones así e una familia hacen que un niño tenga una madurez y una sensibilidad especial, ¿ocurre así en el caso de Uriel?
    Claro que influye. En general, una vez que nos conocen, no hay problemas, pero, la primera vez que las maestras ven mi firma, le dicen, ¡no es de tu mamá!, no creen que una madre pueda firmar solo con iniciales en imprenta... El usa su computadora como cualquier niño, pero, cuando era pequeño decía: ¿por qué las otras computadoras no hablan y las de ustedes sí? El no insiste mucho en invitar amigos a casa, pero cuando lo hace, debe avisar con anticipación, porque le explico que me lleva más tiempo limpiar la casa, y lo hago con más detenimiento cuando sé que tendremos visitas...
    Por lo demás, creo que es un niño como todos, su característica más notable es, quizá, su excelente orientación, en el sentido de que conoce muchos negocios de la ciudad donde vivimos y puede manejarse con independencia... Por ejemplo, el otro día, después de haber ido un par de veces conmigo, me dijo: "dejá, mamá, me voy solo a la dentista", y se fue solo...
8. Querría terminar con algo positivo y que haya merecido la pena en todo este camino recorrido de decisión de ser madre, embarazo y tener a Uriel. ¿Cuál es el mejor recuerdo de todo este periodo?
    Es difícil decirlo, es una responsabilidad muy grande traer un hijo al mundo, pero, cuando veo sus progresos, cómo se expresa, como lee y me pide que le lea cada noche, a pesar de tener 11 años, creo que hemos forjado una relación increíble…

Gracias Laura

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